
Así. Por lo bajo. El tiempo se adivina.
No por la turbia inclinación del árbol
cuando la gravidez arranca telarañas
de las flores.
Tampoco por el pulso interrumpido
de la espina,
cíclico de tanto atravesar
las alas de una misma mariposa.
Así. Por lo bajo. De fronda en fronda
hacia el callado frontispicio
en el que maduraron granos,
peces, algas,
últimos representantes de alguna indómita
o tribal estirpe. Así. De tumbo en tumbo
hasta destejer las rocas,
hasta mellar lo duro de la escama
donde nada –por compacto– es para siempre.
Muy bien, mi querido Osiris. Me gustó mucho desde que me lo leíste en el teléfono. Perdona que no pueda regalarte un título, ya sabes que nunca he podido escribir uno decente en mi vida. "No le pidas peras al olmo", decía mi abuelita.
ResponderEliminarSi le pones Argos, será perfecto, jeje. Pero se me ocurre que el título esté muy en relación con la nostalgia, porque de verdad que se me pegó un poco la tristeza con que viste ese lugar que amabas tanto.
Te mando besos, guapo.
sí, concuerdo con Susana... nostalgia... término que creo que ya habíamos comentado, ha perdido ese valor original
ResponderEliminar