
Desvístese en tu piel el verso
de otra luz
ajena a la simiente,
y de la fronda nace el vértigo,
el cuerpo coronado
en el quebranto
postrero de la aldaba,
bajo los frisos
dispersos
de mi último portento
–errante–
de cornisa en cornisa
hasta inventar el gajo
suculento de la boca
en la oblación
en el trasmallo
visceral de la costumbre
–mi mano abierta
hasta empañar la roca–
oleaje y hueso
ritual sobre lo mismo
inventarte
a solas
así
inventarte...