martes, 28 de diciembre de 2010

Movimiento



Así. Por lo bajo. El tiempo se adivina.

No por la turbia inclinación del árbol

cuando la gravidez arranca telarañas

de las flores.

Tampoco por el pulso interrumpido

de la espina,

cíclico de tanto atravesar

las alas de una misma mariposa.

Así. Por lo bajo. De fronda en fronda

hacia el callado frontispicio

en el que maduraron granos,

peces, algas,

últimos representantes de alguna indómita

o tribal estirpe. Así. De tumbo en tumbo

hasta destejer las rocas,

hasta mellar lo duro de la escama

donde nada –por compacto– es para siempre.